Josh Rouse se queda con Valencia

Las tocó todas y las tocó tan bien, con tanto sentimiento… Definitivamente, Josh Rouse está hecho de una pasta muy especial. Disfruta y se emociona con sus canciones, enormes, y sabe transmitirlo. Sólo le hace falta su guitarra acústica, un acompañamiento de piano o de guitarra, de caja y plato con escobilla, una armónica y un poco de silencio (el que a unos pocos -es tan difícil de entender- les costó guardar). El cantante de Nebraska, sólo con eso, te atrapa. Es lo que hizo el pasado viernes en la sala Black Note de Valencia (y me consta que lo repitió el sábado). Pedazo de concierto se marcó el tío.

Fue directo al grano y empezó con uno de sus mejores temas, “1972”, para ir repasando, una tras otra, la casi interminable lista de composiciones redondas, de pop intimista y atemporal: “Love Vibration”, “Come Back”, “Directions”, “My Love Is Gone”… Todo miga, cero relleno. Con esa media sonrisa tan contagiosa que llevan de serie sus canciones y que exhibió su rostro en todo momento.

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La complicidad con el público valenciano quedó patente desde que subió al escenario y soltó: “Hola, vecinos”. Y se fue intensificando en cada canción reconocible -todas-, en cada estrillo coreado al alimón -unos cuantos-, en las palmas… En fin, como si estuviera tocando en casa con unos amigos. El músico norteamericano tiene tantos argumentos para llevar a la audiencia a su terreno que incluso pudo con un pequeño sector del público que no paraba de paliquear. Especialmente estremecedora fue la interpretación de “Quiet Town”, con ese falsete agudísimo que tan bien domina.

Dejó claro que la elección del reciente recopilatorio “The Best of the Rikodisc Years” es suya, porque del primer CD cayeron bastantes, y se atrevió hasta con dos temas cantados en castellano. El segundo de ellos, “Valencia”, con una letra (referencia fallera incluida), una pronunciación y un estribillo (“ciudad de la playa”) que hizo las delicias del público.

Josh Rouse llegó la semana pasada a Valencia para quedarse después de una temporada en Nueva York. Le resta un último concierto de la gira, el próximo miércoles en Londres, y ya se instala en la capital del Turia para ser papá. A su mujer, Paz Suay, se le pudo ver en el concierto del viernes embarazadísima y sonriente. Y puede que pronto volvamos a verlo por aquí en directo. Me dicen que incluso en Castellón. A ver si es con banda, para poder disfrutar de todos los matices de sus canciones (¡cómo molaría escuhar en directo esa flauta travesera de ‘1972’!). Lo dicho: un concierto para recordar.

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Josh Rouse. Buenas vibraciones

“No tienes que trabajar duro para disfrutar de la música de Josh Rouse. Sus canciones se te presentan a corazón abierto, con una inteligencia innata y una falta absoluta de pretensiones. Son clarividentes, tienen empatía y son penetrantes. Sin complacencias, buscan satisfacer tanto tu oído como tu entendimiento. Los versos te arrastran con su detallismo, musical y temático, y los coros te transportan y liberan. Resueltos sin parecer demasiado ordenados ni cariñosos”.

Estas palabras del prestigioso crítico norteamericano Anthony DeCurtis, extraídas del texto ‘Honest Things Last’ que ilustra su último disco, el recopilatorio ‘The Best of The Rykodisc Years’, describen perfectamente lo que a mucha gente nos pasa cuando escuchamos a Josh Rouse: que nos sentimos subyugados por sus canciones casi sin darnos cuenta. Como me ha vuelto a ocurrir desde que empecé a escuchar el mencionado doble disco. Como ya me ocurrió con ‘1972’, con ‘Nashville’, con ‘Subtítulo’.

“Directions”, “65”, “1972”, “Love Vibration”, “Come Back”, “My Love Is Gone”, “Quiet Town”… La lista de canciones imborrables de mi memoria, de canciones para siempre jamás, de canciones sencillas y tiernas, emocionantes, es larguísima. El cantautor norteamericano lleva componiendo a la suya desde hace una década, ajeno a las modas, siguiendo los patrones clásicos del pop y del country, con un sonido limpio, a base de irresistibles medios tiempos, creando ambientes luminosos, cálidos. Elegantes.

Bendecido desde sus inicios por Kurt Wagner de Lambchoc -fueron vecinos en Nashville-, Josh Rouse es de la misma estirpe de compositores que Bart Davemport y que el canadiense Ron Sexsmith, con los que a mi modo de ver comparte ese gusto exquisito por el pop atemporal, melancólico, de íntima complicidad. Nacido en Nebraska, ha vivido en Nashville, Valencia, Altea (Alicante) y ahora en Brooklyn, y explica que las melodías de las canciones le suelen salir cuando va de viaje, en las esperas de los aviones y en los propios vuelos. Y eso se nota. Porque de alguna manera muchas de ellas suenan a final de película, cuando aparecen los títulos de crédito. Para echar la vista atrás con una mirada limpia.

Este fin de semana Josh Rouse actúa en Valencia. Hace justo un año ya dejó un excelente sabor de boca en la sala Mirror/Cormorán, en la presentación de ‘Country Mouse City House’, pero esta vez el formato de los dos conciertos que ofrecerá el viernes y el sábado en el Black Note es con guitarra acústica y acompañado por un pianista. Como en el vídeo de arriba, en el que además he escogido “My Love Is Gone”, la canción preferida del propio Rouse.

Así que las canciones del norteamericano sonarán casi desnudas, esquemáticas, aferradas a sus seductoras melodías. Y seguramente caerán muchas del recién editado recopilatorio de sus discos en el sello Rykodisc (‘Dressed Up Like Nebraska’, ‘Home’, ‘Chester’, ‘Under Cold Blue Stars’, ‘1972’ y ‘Nashville’), que en el primer CD selecciona sus mejores temas y en el segundo recupera el EP ‘Bedroom Classics Vol. 1’ y algunas maquetas y descartes que no deberían de haberlo sido, como “Cannot talk” o “Princess on The Porch”.

Los dos conciertos de Josh Rouse en Valencia -su mujer, Paz Suay, es valenciana- son un paréntesis en su gira europea, ya que el pasado lunes actuó en Alemania y el próximo 3 de diciembre lo hará en Londres. Y, ya que lo he citado, la semana que viene también viene de gira por España Ron Sexsmith, aunque todos los conciertos pillan lejos de Castellón o entre semana.

También quería mencionar que he leído en Desconcierto.com que el Azkena Rock de Vitoria se adelanta de septiembre a junio (4, 5 y 6) en 2009 y que ya tienen algunas confirmaciones, como Lynyrd Skynyrd; y en Indiespot que el festival Summer Case podría no celebrarse el año que viene. Por último, en Jenesaispop.com he encontrado un acalorado debate sobre el cierre de salas y garitos en Madrid como para tomar nota.

Viernes 28 y sábado 29. 22.00. Black Note Club de Valencia. Concierto acústico (guitarra y piano) del compositor norteamericano Josh Rouse. Reservas en Tranquilo Música. Entradas: 15 euros anticipada, 18 en taquilla.

(Esta entrada se la dedico a Jorge Izquierdo, en agradecimiento por haberme descubierto a Josh Rouse)